• La maldicion del rentismo

    La peor de las crisis de la historia moderna de Venezuela nos afecta de tal manera que cada momento del día a día implica el sufrimiento de una necesidad en cada uno de los pasos que damos en nuestra vida. Nos levantamos para hacer cola en algún abasto o panadería. Batallamos para conseguir o ayudar a alguien en la búsqueda de medicinas. Nos resolvemos para completar la cuota de algún pago o repuesto, mientras nos enteramos de que algún conocido ha sido víctima de la delincuencia, que avanza por todos lados.

    Más allá del continuo señalamiento y de las denuncias que podemos hacer de todas las malas prácticas que comete este gobierno para hundir más al pueblo venezolano, debemos detenernos en la que quizás sea la principal causa, y que debe ser centro del debate para la construcción de un nuevo país, la cual es el rentismo petrolero.

    Lo que el chavismo canta como los supuestos logros de la revolución no es más que la destrucción de un modelo socioproductivo que incluya la participación y beneficio de todos. Por el contrario, este desgobierno, con falsas premisas, ha creado un sistema en el que solo busca maximizar las entradas de divisas de la única industria del país, para un manejo discrecional, clientelista y expoliador, condenando a todos los ciudadanos a depender de la caridad de algún alcalde o gobernador.

    En los últimos 18 años, la dependencia de los ingresos petroleros ha subido de 73% a 97%, mientras que la producción petrolera ha bajado de 3,5 millones de barriles a solo 1,9 millones, mientras hacen quebrar al resto del aparato productivo con expropiaciones, controles y tipos de cambio sobrevalorados. Es decir, que ni lavan ni prestan la batea, que han obligado a todos a depender de unos ingresos, y que estos dependan de que el precio en el mercado internacional sea alto.

    La reconstrucción del país pasa por ofrecer, desde el Estado, las condiciones y capacidades para que todos los ciudadanos puedan desarrollarse y crecer, sin depender exclusivamente del regalo que pueda dar un gobernador de turno, dentro de un modelo socioproductivo con inclusión, igualdad de oportunidades, y con responsabilidad social para todos los venezolanos.

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