• Las protestas en Venezuela seguirán hasta recuperar la democracia y nuestro futuro

     

    CARACAS — “La generación dormida”. Esa era la forma en la que se solía hablar de nosotros. Con nosotros nos referimos a aquellos que nacimos a fines de los años 80, durante la decadencia de la democracia en Venezuela. Para nuestra generación, la idea de un país pujante solo era una referencia de los libros. Desde que éramos niños nuestra realidad ha sido la de un país plagado de corrupción, delincuencia y desigualdad.

    Hugo Chávez llegó al poder a fines de los años 90, en medio de un clima antipolítico, con una promesa de cambio. Vivimos nuestra adolescencia en medio de la polarización entre quienes lo adversaban y quienes lo apoyaban. Unos no reconocían los errores del pasado; los otros se empeñaban en dividir a los venezolanos.

    En el año 2006, la Revolución bolivariana obtuvo su mayor victoria electoral hasta hoy. El debate político parecía arrojar un claro ganador. Chávez se sentía tan fuerte que la recién aprobada constitución se le volvía una camisa de fuerza. A finales de ese año, en una demostración de autoritarismo, ordenó cerrar Radio Caracas Televisión, la estación de televisión más importante del país, y convocó un referendo para reformar la constitución.

    Con el entendido de que bajo ese escenario los jóvenes no teníamos futuro, miles de estudiantes salimos a las calles de todo el país. No hablábamos de izquierda ni de derecha, levantamos las banderas de la libertad, la democracia y la reconciliación nacional. Nos organizamos en movimientos y alianzas estudiantiles nacionales y actuamos con una fuerza tal que logramos llenar el vacío que había en la conducción política del país. Fue así como en diciembre de 2007, Chávez fue derrotado electoralmente por primera vez.

    Diez años después del despertar de nuestra generación, llegó el momento de escribir un nuevo capítulo en nuestra historia: el capítulo en el que los venezolanos vencemos de manera definitiva a la dictadura e iniciamos el camino de la reconstrucción nacional.

    Muchos de los que fuimos parte del movimiento estudiantil en 2007 llegamos a la Asamblea Nacional en las elecciones de 2015, apoyados por los votos que millones de venezolanos le dieron a la oposición. Ese resultado mostró que Venezuela ya no está dividida entre oficialistas y opositores, sino entre una gran mayoría que quiere cambio (80 por ciento según las encuestas más respetadas del país) y una cúpula corrupta y privilegiada que se aferra al poder. Esa mayoría está en las calles de Venezuela protestando el golpe de Estado del gobierno chavista contra una Asamblea Nacional democráticamente electa.

    Diez años después del despertar de nuestra generación, llegó el momento de escribir un nuevo capítulo en nuestra historia: el capítulo en el que los venezolanos vencemos de manera definitiva a la dictadura.
    Otras cosas también han cambiado. La comunidad internacional sabe que en Venezuela no hay democracia. Así lo han expresado la mayoría de los países de la región en la Organización de los Estados Americanos (OEA). Y no hay democracia porque no existe separación de poderes, hay más de cien presos políticos, miles de perseguidos por pensar distinto y un gobierno que se niega a realizar las elecciones consagradas en la constitución.

    Sin embargo, la mayor diferencia entre la Venezuela del año 2007 y la de 2017 es la situación en la que se encuentran la mayoría de los venezolanos. Nicolás Maduro ha hundido al país en la peor crisis económica de su historia. A pesar de que el Banco Central de Venezuela ha dejado de publicar los datos económicos, organizaciones como el Fondo Monetario Internacional estiman que la inflación de este año será de 720,5 por ciento y en 2018 se ubicará en 2068,5 por ciento; además el porcentaje de pobreza pasó del 48 al 81,8 por ciento. Hoy cuatro de cada diez venezolanos no comen tres veces al día.

    Por primera vez en mucho tiempo han aparecido fracturas internas en en el chavismo. Personas que durante años fueron miembros de confianza del tren ejecutivo de Chávez, como Jorge Giordani y Héctor Navarro, han elevado su voz de protesta. Movimientos sociales de izquierda como Marea Socialista han hecho lo propio. Más recientemente, la fiscal general declaró que en Venezuela se había roto el orden constitucional.

    Quienes llegaron prometiendo socialismo e igualdad, hoy son ejemplo de un totalitarismo represor, que, ante la posibilidad de perder sus privilegios, utilizan cualquier treta que les permita aferrarse al poder. Hasta el momento han sido detenidas más de 1200 personas y 29 fallecieron en las manifestaciones durante el mes de abril y mayo. La represión y la violencia proviene no solamente de los organismos de seguridad del Estado, sino también de grupos armados y protegidos por el gobierno.

    El 1 de mayo, el presidente Maduro, como reacción a la ola de protestas, anunció que convocará a una constituyente comunal para cambiar la constitución de 1999 y legitimarse. Se trata de otro golpe del gobierno contra lo que queda de democracia. No solo eso, su movida busca abolir el derecho al voto universal, directo y secreto conquistado por los venezolanos tras décadas de opresión. Este giro, junto con el retiro de Venezuela de la OEA, confirma la dirección dictatorial tomada por el gobierno chavista.

    Nuestra respuesta: hace diez años vencimos a la reforma constitucional que pretendía instaurar una dictadura moldeada a la cubana. Pese a la represión, nos mantendremos movilizados pacíficamente hasta restablecer el orden constitucional en Venezuela y que se anuncie un calendario electoral. Este debe incluir las fechas de las elecciones regionales correspondientes a 2016 y de una elección presidencial anticipada en 2017, para recuperar de manera democrática, justa y libre nuestro futuro.

    Exigimos la restitución de las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional que han sido usurpadas por el Poder Judicial; libertad de todos los presos políticos y apertura de un canal humanitario para que puedan entrar al país alimentos y medicinas. La constitución garantiza el derecho a todas estas demandas.

    Nuestra lucha es por un futuro de progreso para todos los venezolanos.

Comments are closed.